Feliz, feliz en tu día
Alcohol February 29th, 2008Ayer Kay volvió de la tienda con un montón de cremas anti envejecimiento y llorando a lagrimones vivos. Y no, no es que se hubiera vuelto a comer dos kilos de cebollas de una sentada, sino que cómo me confesó después, hoy era su cumpleaños.
No me ha querido decir cuantos cumple realmente, pero está claro que sólo lo celebra cada cuatro años, el año bisiesto. Y es que sólo ella podían nacer un 29 de febrero... La intente consolar, pero a cambio solamente recibí mordiscos y arañazos de guadaña.
No sé si es que realmente le afecta lo de su cumpleaños o que está molesta porque no lo supiera y no le haya comprado un regalo. Así que por fin me he decidido a comprarle algo que ella quería desde que la enterraron en una tumba para pobres.
Me ha costado un poco de tiempo y algo así como doce millones de la cuenta corriente de mi Kay, pero lo he logrado. Un hueco para integrar a unas cuantas generaciones de Legardas y Romanis en el Escorial. Vamos, que tenemos como vecinos de tumba a los más insignes reyes de España para poder hacerles la vida, o en este caso la muerte, imposible.
Seguro que con esto Kay volverá a ser la misma de siempre, con sus sarcasmos, ironías, y dejará de impregnarse en cremas y potingues que la hacen parecer un marciano y que hacen que el consumar el matrimonio sea difícil por lo resbaladizo que pone su cuerpo. De todas maneras, yo no le vea tanto problema, porque desde que murió no ha envejecido para nada. Y de todas maneras, como también es una borrachina y el alcohol conserva...
Pero al llegar a casa me he encontrado con que no podía entrar. Kay se había encerrado y no quería salir. ¿Qué iba a hacer ello con todas nuestras amistades que venían para hacerle una fiesta sorpresa, con los payasos de la tele que venían, inocentes de ellos, creyendo que tenían una audición, para ser decapitados con un movimiento de guadaña? ¿Acaso mi pobre bomboncito amargo estaba tan deprimida que no quería ni verme a mí, su borrachito tonto?
Eso me deprimió tanto que me eché a llorar yo también, y junto con el agua que se filtraba por debajo de mi puerta y mis lágrimas logramos hacer un río bastante interesante que empezó a circular por las carreteras de la ciudad. La gente estaba muy extrañada, y buscaban la fuente de dicho río. Hasta llegó mi admirado alcalde de Patxi Lazcoz, que alabó nuestra contribución para paliar la sequía que podemos sufrir, y decide bautizar al nuevo río como “Depresión del Mamarrachi borracho”. Todo un honor, desde luego, de una persona honorable.
Pero dejamos de llorar. Por nosotros podíamos haber estado llorando toda la vida, sobre todo por hacerle un favor al alcalde del PSOE, pero de repente vino el ex alcalde Alfonso Alonso con la intención de incluirnos en el programa electoral del PP para aquellas regiones donde no llueve, para así poder lograr regar los numerosos campos de golf que han construido con su beneplácito. Eso nos dolió más que si hubieran asesinado tres cubatas delante nuestro, y tanto Kay como yo agarramos sendas guadañas y olvidando nuestra depresión fuimos a por el ex alcalde, para hacerlo trocitos y servirlo en el menú de la fiesta. Junto con todos nuestros amigos y Patxi, lo que seguimos por toda la ciudad. Pero no lo llegamos a cazar. Lástima. De todas maneras, Kay dice que ha sido el mejor cumpleaños de todas su muerte.
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